sábado, 25 de junio de 2016

Capítulo 1: Las Heroínas Nacen Del Miedo

Donde las voces se convierten en gritos, donde la tierra tiembla y palpita, atemorizada por el dolor que se escurre al rojo vivo hasta sus entrañas, donde la mayoría han perdido la esperanza crece un Imperio rojo y fiero, dominante y amante de la guerra. Tras años de lágrimas perdidas al viento, un grupo de valientes se atreve a hacerle frente a la gran bola roja que se acerca, inexorable e intensa. Son la única esperanza de Thagos, y sin ser conscientes comenzarán una batalla en la que no sólo lucharán las armas, ni se derramará solamente la sangre de inocentes.

Capítulo 1: Las heroínas nacen del miedo
• —Aemy— •


Era entrada media noche cuando Aemy despertó con la respiración acelerada y el corazón desbocado. No había pasado ni hora y media desde que se había ido a dormir, pero ya la asaltaban las pesadillas propias de una vida llena de angustia y sufrimiento. La Rebelión estaba preparada, sin embargo, aunque se pudiera sentir en el aire el hedor que producía el miedo a la guerra, Aemy no estaba satisfecha. No creía, bajo ninguna circunstancia, que todo aquello fuera útil si no lograban su principal objetivo: matar a Killian el Gargo, líder de tribu de los raken. Desde los inicios más primitivos de vida laghart, los raken habían sido una de las razas más violentas; se diferenciaban del resto por sus pieles secas, rojizas y una ferviente necesidad de sangre ahogándoles el corazón. Pero no toda la raza laghart estaba dispuesta a seguirles el juego. Entre ellos, una honrada tribu brankis establecida en el Sur de Noghart ansiaba salvar al mundo de la destrucción. Se abastecían de lo que la naturaleza les daba y no ansiaban más que una vida tranquila y apacible con los suyos. No sabían nada sobre el arte de la guerra, y tampoco se habían interesado nunca por ella. Observaban desde lejos cómo los raken, la raza más poderosa, bajaba a visitar las tribus menores en busca de lagharts con alma de soldado. Era difícil, sin embargo, que encontraran en aquella tribu brankis a algún soldado potencial. Aemy se preguntaba qué habría pasado si la hubieran llegado a escoger a ella, pero tales pensamientos se desvanecieron con los primeros sonidos de cuerno.


«Tuuuguuuuuuuu», sonaba a lo lejos. «Tuuuuguuuuuguuuuuuguu». Ahí estaba: el comienzo de la nueva era. La Rebelión se alzaba, salía de sus tiendas y desenvainaba sus armas dispuesta a dejar hasta el último suspiro en la batalla. Era una emboscada, pero se habían preparado para toda clase de luchas y no pensaban permitir que el largo viaje fuera en vano. Aemy sacó la cabeza de su tienda aturdida por la sorpresa, sintiendo el pálpito desaforado de su corazón. El sonido le batía en los oídos, foragitando cualquier intento de su mente por añadirse a la fiesta de sangre. Escuchaba la carne desgarrándose, la sangre salpicando contra la hierba húmeda de rocío, sentía el olor de la naturaleza mezclarse con el bárbaro y desagradable hedor de las vísceras y las secreciones producidas por el miedo.


—¡Aaeeemyyyyy! —gritaba alguien, no muy lejos de ella. Aemy buscó a la voz y encontró a Far a cuatro metros de ella, siendo arrastrado hacia las profundidades del bosque por un propxis. Pero la muchacha no se calmaba. Respirando con fuerza, se adentró nuevamente en la tienda, aterrada.


—No puedo, no puedo, no puedo —se repetía. Su mente parecía navegar en un mundo rápido que pulsaba con ferocidad su coherencia. «Bum-bum-bum-bum-bum-bum-bu….». Oía los gritos de Samy; los de Lorghan; a Jiku y a Tarra; Mera y Garfalugh. —¡Basta! —Algo se abrió paso en el interior de la tienda, partiendo la tela en dos. Un raken de mirada pálida la observaba con crueldad. Su sonrisa torcida le revolvió el estómago. Aemy llegó a tiempo de esquivar un ataque lateral.


—Un bocadito de brankis por aquí, ¿ah? ¿Demasiado asustada para matar? —Parloteaba el raken, consciente de que tenía frente a él tan sólo a una cría que no había sido preparada con el pensamiento de la hija de Ghanda, diosa de la guerra y la más honrada por su tribu. Aquellas palabras iniciaron una rabia interior en Aemy, que poco a poco sustituía al miedo. Esquivó un nuevo ataque, con más precisión y agilidad que la vez anterior, todavía demasiado agitada por dentro como para poder responder a tales acusaciones. Después de todo, ese raken estaba en lo cierto por más que le pesara. Dio una voltereta y alcanzó su arma: una maza de cuerda de sándalo. ¿Podría acabar ella sola con un raken que le doblaba en volumen y que blandía una espada de obsidiana? Con un movimiento se cargó sobre sí misma el mazo, enrollándolo en su pecho, y buscó la forma de rodearle para atacarle por la espalda. De cara nunca lo lograría porque podría cortar fácilmente la cuerda y se quedaría sin arma. Trató de sortear un nuevo ataque, pero éste la sorprendió con un movimiento muy bien calculado.


—¡¡Aaaaghhh!! —le hizo un corte en la mejilla y la hizo caer contra la tela de la tienda, desmoronándose ésta sobre ellos. Prontamente, se vieron enredados entre un sinfín de objetos. El mástil central de la tienda golpeó a Aemy en el hombro, pero el mismo también la salvó de ser sajada por la espada de su contrincante. Fue entonces cuando actuó por inercia. Se desenrolló el mazo del torso con la rapidez adquirida tras duros entrenamientos y lo dirigió hacia el lugar de donde había surgido la obsidiana. Golpeó algo con fuerza, y ese algo gimió con sorpresa. Embravecida por la pequeña victoria, siguió golpeando con el mazo, una y otra vez, esquivando magistralmente la espada. Estaban luchando a oscuras, casi sin aire que respirar hasta que el arma del raken abrió la tela. Nada más quedar al descubierto, hirió a Aemy en el brazo con el que blandía el mazo y la remató con un ataque oblicuo que la tocó de lleno en el pecho. —¡¡Nnnggg!! —Aemy cayó al suelo y dio un par de vueltas. Había empezado a llover, pero eso no la molestaba; al raken sí.


—Estás acabada, bocadito. —Y tuvo miedo. Ese lapso de tiempo en el que el raken se acercaba a ella, en el que escuchaba la guerra producirse de fondo, en el que el chapoteo del agua sobre la tierra se hacía más plausible, tuvo miedo. Pasaron por su mente miles de pensamientos que se pisaban unos a otros. Su mente era un hervidero de ideas pésimas y angustiadas, y cuando ya no pudo más, se lanzó sobre él, abrazándose a su cuello. Ambos cayeron al suelo y se enzarzaron en una batalla virulenta por el arma de obsidiana. A las puertas de la muerte, nadie se siente cansado. Ninguno de los dos habría podido decir cuánto tiempo estuvieron lidiando con aquella batalla, pero finalmente, fue Aemy la que logró la posesión del objeto, propiciándole un fuerte mordisco al contrario.


—¡Ahhh! —Le arrancó el arma de las manos y rodó sobre la hierba, alejándose de él a una distancia prudencial. Ambos se tomaron unos segundos para respirar. Resollaban, unánimes, mientras cruzaban miradas. El raken dio un paso hacia el frente.


—¡No te muevas! —se apresuró a decir Aemy. El contrario sonrió de lado.
—No sabes usarla. La estás cogiendo mal —puntualizó. Aemy sintió una profunda vergüenza al ser señalada de esa forma, pero no le hizo caso. Dio un paso más.
—¡Atrás he dicho! —Alzó las manos, en un claro gesto de burla.
—Caaalma, caaaaalma. No voy armado, ¿cómo iba a atacarte, bocadito? Sé buena y deja la espada al suelo, vas a hacerte daño.—Aemy no lo vio llegar, pero reaccionó por mera inercia y le hizo un tajo en plena barbilla. Ella misma se sorprendió, mas procuró que no se notara.
—Te… ¡te lo he advertido! —La mirada del raken se tornó afilada.
—Tú…
«Tuguuuuuuuu», se escuchó a lo lejos. «Tuuuguuuguuuuguuuu». Había ganado la Rebelión. El primer ataque había triunfado, seguramente porque les habían tomado por más poca cosa de la que eran.
—¡Aemy! ¡Mátale! —Era su padre. La observaba desde lejos: le faltaba medio brazo. Aquella pequeña distracción valió lo suficiente para que el raken se abalanzara sobre ella; mas no llegó muy lejos ya que fue arrollado por una horda de flechas que venían de los árboles.
—¡Esperad! ¡Puede servirnos de rehén! —Las flechas cesaron tras algunos gritos más  y Aemy se acercó al cuerpo extendido en el suelo. —¿Cuál es tu nombre, guerrero? —Un dolorido y agotado raken todavía tuvo fuerzas para sonreír de lado.

—Vermilion —murmuró, disfrutando al descubrir el asombro en los ojos ajenos. Después de todo, era el subgeneral del ejército Rákinhir, ya hora le tenían en sus manos.

4 comentarios:

  1. ¡Me ha encantado el combate! ¿¿Veremos los diseños de las armas??

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    1. ¡Próximamente! Aún falta mucho trabajo por ver y descubrir jeje

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  2. ¡Está muy interesante! Impaciente por leer mas. Tanto la historia como los dibujos son amor :3

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    1. Muuuchas gracias.¡Poco a poco vamos avanzando!

      Un saludo ;)

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